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En 1999, Honda se defendía con su CBR600F de los ataques de Suzuki con su radical GSXR600, mientras que Yamaha estrenaba su nueva supersport deportiva de verdad, porque hasta entonces los representantes de la marca se habían tenido que conformar con la YZF600, que aunque fue una fantástica modo de carretera, no pudo ni con la CBR600F de acero (año 98). Yamaha presentó la R6 como la hermana pequeña de la R1, la deportiva radical que había presentado el año anterior, y que a pesar de sus cifras que rompían moldes en cuanto a potencia y ligereza, su conducción y efectividad estaban más que en entredicho. La Yamaha R6 debería ser una moto con la ventaja de ser más ágil, algo lógico partiendo de la ligerísima R1, pero bajando de cilindrada. También se anunciaban unas cifras de potencia que no nos creíamos, entre otras cosas porque no eran ciertas, pero eso era algo habitual en las cifras de potencia anunciadas para las motos japonesas. Lo cierto es que fue la moto más potente y la más ligera, poniendo en serior apuros a la competencia, que tardaria muchos años en superarla. Enseguida se puso en duda la supuesta mayor efectividad que la R1. [1]La R6 resultó ser extremadamente más efectiva que todos los modelos del año anterior, y se enfrento ese mismo año a la nueva CBR600F, la primera CBR600 con chasis de aluminio, y la superó ampliamente. La R6 fue la moto más rápida, por encima de la GSXR600, muy por encima de las CBR600F, y más aun sobre las ZX6R. Las 748 no tenían nada que hacer contra ella. La ligereza de la R6 contribuyó sin duda a su gran efectividad, pero realmente nos ofreció una moto que, en caso de caída, resultaba ser bastante más frágil que las demás. Comparada con la R6, la GSXR600 era una moto igualmente ligera y deportiva, pero mucho más dura frente a caídas y golpes. Una vez vista la eficacia, se puso en duda la potenciabilidad de los motores, puesto que un motor que de origen se fabricó con tan altas prestaciones, seguramente poco más se podría potenciar. La realidad resultó ser todo lo contrario, y aun hoy los modelos de Yamaha R6 son los más fácilmente potenciables, y una máquina muy efectiva en circuito para quienes optan por una moto de segunda mano para hacer tandas. El potencial de las R6 de competición y sus preparaciones volvieron a desbancar a toda su competencia, y los pilotos yamaha, que se multiplicaron, pasaron de tener una lenta, cara y poco efectiva YZF600, a tener la máquina definitiva, la R6. [2]Por último, se puso en duda la durabilidad del motor, puesto que daba miedo ver tanta potencia y tantas revoluciones por minuto sin pensar que el motor duraría un santiamén, sin embargo ahora sabemos que la durabilidad del motor de la R6 va directamente relacionada con las prestaciones que le pidas y el uso que le des, de modo que para un uso deportivo en carretera o un uso diario puede pasar de los 100.000 kmts sin ningún problema, y seguir funcionando realmente como el primer día. Como es lógico, el uso deportivo, la utilización de trucajes, y los malos hábitos como el uso del motor en frío acortan la vida del motor.

Desde su llegada, la R6 ha visto cómo año tras año ha ido recibiendo mejoras. La inyección, la horquilla, los frenos, el basculante. La moto ha evolucionado a una R6 aun más potente que aquella del 99, con mejor comportamiento, mejores suspensiones, mejores frenos (¡¡¡vaya frenos tiene el modelo 2005, uau!!!), a la vez que ha sido cada vez más utilizable, más fácil de pilotar.

Puedo comentar a título personal que el día que probé la R6 me quedé asombrado de sus cualidades, principamente de lo fácil que era pilotar rápido en un circuito, haciendo sin esfuerzo lo que con otras motos suponía un difícil trabajo al límite. Fue realmente mucho mejor de lo que me imaginaba. A partir del 2006, la R6 ha quedado en el catálogo de yamaha como la deportiva 600cc menos radical, dejando la tarea de convertirse en la reina de los circuitos a su sucesora, la Yamaha R6R. También ha sido este año cuando ha cesado su evolución para cumplir su papel de nueva "deportiva sport"